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lunes, 12 de julio de 2010

'El Abrazo'

Se miraron, no necesitaron decirse nada, su silencio y el dolor de sus ojos, reflejaba la angustia de sus almas. Se abrazaron y fue de esos abrazos desgarradores del fútbol. Un abrazo de dos seres rotos. Desolados, solos a pesar de los cientos de periodistas y directivos que los rodeaban; abandonados por la vida pese a que, entra tantos otros, Joachim Low, técnico de la selección de Alemania, daba vueltas y vueltas a su alrededor aguardando que se separaran para decirle a Maradona cualquier cosa que lo reanimara o quizás sólo mostrarle caballerosidad.
En una mano Maradona llevaba y apretaba el rosario en el que había depositado sus ilusiones desde el primer día de la Copa del Mundo. El que no basto.
Dalma, su hija mayor. Corrió de su palco, rápida cuando el 0-4 de los alemanes estaba consumado, bajó para consolar a su padre. Sabía, más que nadie en el mundo, que aquel D10s inmortal estaba muriendo.
Lo abrazó. Se abrazaron en una imagen que más que decir o hablar, gritaba. Era la síntesis de lo que comenzó a suceder en noviembre del 2008, cuando Julio Grondona nombró a Diego Maradona como técnico de la Selección Argentina, y a Carlos Salvador Bilardo como su “consejero”. Los dos principales protagonistas del último título argentino en una Copa del Mundo, 1986.
Junto a Héctor Enrique y Alejandro Mancuso, la pelota comenzó a girar. Nigeria, Corea y Grecia. Después de la victoria sobre México 3-1, con muy poco fútbol, poca profundidad, casi nula explosión, sin ideas, quedaron interrogantes y se sumaba la incertidumbre y las dudas por enfrentar a la poderosa Alemania.
Argentina le hacía falta explosión en la mitad de la cancha, evidente era el retroceso de Lio Messi para poder crear y hacer juego. Los errores y la defensa permeable por el flanco derecho ya eran conocidas. El comentario mundial de lo poco de Ángel Di María. Muchos dijeron después de la eliminación que quien podía haber solucionado gran parte de aquellos problemas se había quedado en la banca con Juan Sebastián Verón. Diego Maradona no explicó por qué prescindió de él. Su silencio será uno más de sus códigos, mezcla de religión, santería, lealtad y creencia.
Su silencio, como en el descarnado abrazo con su hija, cargan su dolor, evidencian su pena que asume como a asumido sus errores, sus culpas en el largo e intenso camino de su vida. Ese abrazo que demuestra tanta pena, ese dolor que tuvieron y tienen miles de Argentinos e hinchas no trasandinos, por derrumbarse un sueño, una linda ilusión que pretendía poder abrazarnos todos, pero en éxito, esta vez frustrado y tan dolorosamente humillado.
Con esa triste sensación y la derrota más digerida, se supo que Dalma Nerea Maradona le dijo al Diego; “Como te lo he dicho siempre papá, Creo en vos”. Yo también. Porque creí cada vez que me hiciste sonreír con una gambeta, porque creí en tu velocidad, creí siempre que te rehabilitarías, creí que humanizarías el futbol, creí que lucharías contra el injusto, creí en que no te venderías, creí que sobrevivirías y no me fallaste nunca. Por lo mismo, espero te den otra oportunidad para demostrarlo y para lograr tu anhelado sueño de ver feliz a tu país, vecino al mío.
Cami Villalon


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